miércoles, 16 de mayo de 2018

SILENCIO

SILENCIO


Cuando quieras que te ame
Cuelga tus deseos en la noche
Para que el silencio
Traiga la imagen de tu recuerdo

Cuelga tus deseos entre el viento
Que sus alas,
Dejarán en mi ventana
El aliento de tus besos

Cuando quieras que te ame
Entrega tus ansias a la lluvia
Que  sus gotas
Calmarán la sed de tus caricias

Cuando quieras que te ame
Cuelga tus deseos en las estrellas,
Que  su titilar,
Darán   luz a mis ensueños…
Pero…
 Esconde tu mirada entre  la niebla,
Que  las  gaviotas del puerto
No se enteren de nuestros sueños

Borra las huellas de la arena
Para que nadie se entere
 De nuestra próxima huida

Cuida nuestro fuego,
Del frío  de las almas desoladas
De las lenguas que no cesan en su bullicio
 De los delatores
Que buscan interponerse
En nuestra huida…

BLOG: EDWARD BELLOUM. 86. REV.018.
FOTO: Tomada de la Red.

martes, 15 de mayo de 2018

LA CHINGADA


INTERESANTE TEXTO SOBRE LA EXPRESIÓN LA CHINGADA... MUY USADA EN MÉXICO.
(TOMADO DEL LIBRO EL LABERINTO DE LA SOLEDAD. OCTAVIO PAZ)
¿Quién es la Chingada? Ante todo, es la madre. No una madre de carne y hueso, sino una figura mítica. La Chingada es una de las representaciones mexicanas de la Maternidad, como la Llorona o la "sufrida madre mexicana" que festejamos el diez de mayo. La Chingada es la madre que ha sufrido, metafórica o realmente, la acción corrosiva e infamante implícita en el verbo que le da nombre. Vale la pena detenerse en el significado de esta voz.
En la Anarquía del lenguaje en la América española, Darío Rubio examina el origen de esta palabra y enumera las significaciones que le prestan casi todos los pueblos hispanoamericanos. Es probable su procedencia azteca: chingaste es xinachtli (semilla de hortaliza) o xinaxtli (aguamiel fermentado). La voz y sus derivados se usan, en casi toda América y en algunas regiones de España, asociados a las bebidas alcohólicas o no: chingaste son los residuos o heces que quedan en el vaso, en Guatemala y El Salvador; en Oaxaca llaman chingaditos a los restos del café; en todo México se llama chínguere o, significativamente, piquete al alcohol; en Chile, Perú y Ecuador la chingana es la taberna; en España chingar equivale a beber mucho, a embriagarse; y en Cuba, un chinguirito es un trago de alcohol.
Chingar también implica la idea de fracaso. En Chile y Argentina se chinga un petardo, "cuando no revienta, se frustra o sale fallido". Y las empresas que fracasan, las fiestas que se aguan, las acciones que no llegan a su término, se chingan. En Colombia, chingarse es llevarse un chasco. En el Plata un vestido desgarrado es un vestido chingado. En casi todas partes chingarse es salir burlado, fracasar. Chingar, asimismo, se emplea en algunas partes de Sudamérica como sinónimo de molestar, zaherir, burlar. Es un verbo agresivo, como puede verse por todas esas significaciones: descolar a los animales, incitar o hurgar a los gallos, chunguear, chasquear, perjudicar, echar a perder, frustrar.
En México los significados de la palabra son innumerables. Es una voz mágica. Basta un cambio de tono, una inflexión apenas, para que el sentido varíe. Hay tantos matices como entonaciones: tantos significados como sentimientos. Se puede ser un chingón, un Gran Chingón (en los negocios, en la política, en el crimen, con las mujeres), un chingaquedito (silencioso, disimulado, urdiendo tramas en la sombra, avanzando cauto para dar el mazazo), un chingoncito. Pero la pluralidad de significaciones no impide que la idea de agresión en todos sus grados, desde el simple de incomodar, picar, zaherir, hasta el de violar, desgarrar y matar se presente siempre como significado último. El verbo denota violencia, salir de sí mismo y penetrar por la fuerza en otro. Y también, herir, rasgar, violar cuerpos, almas, objetos, destruir. Cuando algo se rompe, decimos: "se chingó". Cuando alguien ejecuta un acto desmesurado y contra las reglas, comentamos: "hizo una chingadera".
La idea de romper y de abrir reaparece en casi todas las expresiones. La voz está teñida de sexualidad, pero no es sinónima del acto sexual; se puede chingar a una mujer sin poseerla. Y cuando se alude al acto sexual, la violación o el engaño le prestan un matiz particular. El que chinga jamás lo hace con el consentimiento de la chingada. En suma, chingar es hacer violencia sobre otro. Es un verbo masculino, activo, cruel: pica, hiere, desgarra, mancha. Y provoca una amarga, resentida satisfacción en el que lo ejecuta.
Lo chingado es lo pasivo, lo inerte y abierto, por oposición a lo que chinga, que es activo, agresivo y cerrado. El chingón es el macho, el que abre. La chingada, la hembra, la pasividad pura, inerme ante el exterior. La relación entre ambos es violenta, determinada por el poder cínico del primero y la impotencia de la otra. La idea de violación rige oscuramente todos los significados. La dialéctica de "lo cerrado" y "lo abierto" se cumple así con precisión casi feroz.
El poder mágico de la palabra se intensifica por su carácter prohibido. Nadie la dice en público. Solamente un exceso de cólera, una emoción o el entusiasmo delirante, justifican su expresión franca. Es una voz que sólo se oye entre hombres, o en las grandes fiestas. Al gritarla, rompemos un velo de pudor, de silencio o de hipocresía. Nos manifestamos tales como somos de verdad. Las malas palabras hierven en nuestro interior, como hierven nuestros sentimientos. Cuando salen, lo hacen brusca, brutalmente, en forma de alarido, de reto, de ofensa. Son proyectiles o cuchillos. Desgarran. Los españoles también abusan de las expresiones fuertes. Frente a ellos el mexicano es singularmente pulcro. Pero mientras los españoles se complacen en la blasfemia y la escatología, nosotros nos especializamos en la crueldad y el sadismo. El español es simple: insulta a Dios porque cree en él. La blasfemia, dice Machado, es una oración al revés. El placer que experimentan muchos españoles, incluso algunos de sus más altos poetas, al aludir a los detritus y mezclar la mierda con lo sagrado se parece un poco al de los niños que juegan con lodo.
Hay, además del resentimiento, el gusto por los contrastes, que ha engendrado el estilo barroco y el dramatismo de la gran pintura española. Sólo un español puede hablar con autoridad de Onán y Don Juan. En las expresiones mexicanas, por el contrario, no se advierte la dualidad española simbolizada por la oposición de lo real y lo ideal, los místicos y los pícaros, el Quevedo fúnebre y el escatológico, sino la dicotomía entre lo cerrado y lo abierto. El verbo chingar indica el triunfo de lo cerrado, del macho, del fuerte, sobre lo abierto.
La palabra chingar, con todas estas múltiples significaciones, define gran parte de nuestra vida y califica nuestras relaciones con el resto de nuestros amigos y compatriotas. Para el mexicano la vida es una posibilidad de chingar o de ser chingado. Es decir, de humillar, castigar y ofender. O a la inversa. Esta concepción de la vida social como combate engendra fatalmente la división de la sociedad en fuertes y débiles. Los fuertes los chingones sin escrúpulos, duros e inexorables se rodean de fidelidades ardientes e interesadas. El servilismo ante los poderosos especialmente entre la casta de los "políticos", esto es, de los profesionales de los negocios públicos es una de las deplorables consecuencias de esta situación. Otra, no menos degradante, es la adhesión a las personas y no a los principios. Con frecuencia nuestros políticos confunden los negocios públicos con los privados. No importa. Su riqueza o su influencia en la administración les permite sostener una mesnada que el pueblo llama, muy atinadamente, de "lambiscones" (de lamer).
El verbo chingar maligno, ágil y juguetón como un animal de presa engendra muchas expresiones que hacen de nuestro mundo una selva: hay tigres en los negocios, águilas en las escuelas o en los presidios, leones con los amigos. El soborno se llama "morder". Los burócratas roen sus huesos (los empleos públicos). Y en un mundo de chingones, de relaciones duras, presididas por la violencia y el recelo, en el que nadie se abre ni se raja y todos quieren chingar, las ideas y el trabajo cuentan poco. Lo único que vale es la hombría, el valor personal, capaz de imponerse.
La voz tiene además otro significado, más restringido. Cuando decimos "vete a la Chingada", enviamos a nuestro interlocutor a un espacio lejano, vago e indeterminado. Al país de las cosas rotas, gastadas. País gris, que no está en ninguna parte, inmenso y vacío. Y no sólo por simple asociación fonética lo comparamos a la China, que es también inmensa y remota. La Chingada, a fuerza de uso, de significaciones contrarias y del roce de labios coléricos o entusiasmados, acaba por gastarse, agotar sus contenidos y desaparecer. Es una palabra hueca. No quiere decir nada. Es la nada.

FOTO: TOMADA DE LA RED.

SUSANA GONZALEZ



SUSANA GONZÁLES


Despierto
Con el canto de  tu palabra
Con la  llama de libertad
 Que  sacudes en tus escritos

Despierto con tus denuncias   
Cuando encaras  al falso ídolo
Cuando destruyes  el  falso  Mito
Que masacra  la voluntad del pueblo

Encaras  al  tirano
Poniendo de manifiesto su descaro y  cobardía
De representar a  un gobierno
Neoliberal y elitista
Que a pocos,
Mina  la esperanza de un  pueblo

Eres aire
Que clama  libertad…

Te imagino
 Blandiendo  espada sobre  el teclado
Entrelazando tus  pensamientos
Cual  semillas de  esperanza

Tu espíritu combativo,
El fuego de tus palabras
Son  luz
Que  guían:
El  ánimo de la  lucha…

BLOG: EDWARD BELLOUM. 018.
FOTO: Tomada de la Red.


jueves, 26 de abril de 2018

LA FIESTA DEL YAGUÉ

LA FIESTA DEL YAGUE
Todo estaba dispuesto para la fiesta. Los elementos del ritual se encuentran listos sobre la mesa. El chamán revisa y susurra con sus ayudantes sobre la cantidad de  pociones que debe alistar para  los visitantes.
Una  ayudante, muestra el cuaderno al chamán con nombre y  dinero aportado por  los visitantes...
Falta poco para comenzar... Entradas las 10 de la noche, otro ayudante dispone sobre la mesa tabaco y una mechera. En una olla  de barro, vierten de otro recipiente, la cantidad suficiente  de Yagué para la ceremonia.
El ambiente en el rancho se carga de comentarios y cuchicheos que giran en torno de la enfermedad, el misterio y los maleficios. Muchos se preguntan entre sí, las veces que habían tomado del líquido, y cada quien respondía pos resultados obtenidos.
No hay  comentarios  sobre  imágenes o visiones  de lo interno, porque  esto es personal, y no es conveniente revelar  detalles de estas experiencias, por temor a bloqueos.
A la luz de las velas, se pueden vislumbrar las esperanzas de la pronta curación,  la esperanza de la satisfacción del deseo aún no realizado, el ansia  de encontrar el mensaje  alentador...
El chamán sopla a los cuatro vientos con aguardiente, y bendice la pócima  que compartirá con los invitados según las necesidades.
Cada poción  tiene –según el chamán- la preparación específica de acuerdo a la necesidad, y de esta manera se van separando las pociones...
El ambiente se  carga del olor peculiar del Yagué, y  del olor del tabaco que fuma y expele el ayudante, con la intención de alejar a los malos espíritus.
Los cánticos del chamán van llenando los espacios, cubriendo y envolviéndolo todo. Los miedos reprimidos, hacen pensar, que las nubes  forman seres extraños... y cualquier movimiento de las ramas, suelta miedos reprimidos.
En este lugar, las gentes no guardan silencio ceremonial, sino que a poco, comienza  habladurías  acompañadas de risas y cuchicheo,  que termina  cuando  caen vencidos por  el sueño.
Dicen, que algunos, reciben mensajes  sin entrar en trace o desdoblamiento.
Otros,  miran  imágenes,  desde la primera toma. Otros,  con la segunda, otros que después de haber vomitado,  o creer que han vomitado,  una o dos veces;  luego de hacer, o creer que han hecho,  una o dos deposiciones...
Otros,  se estiran en su lecho improvisado, a dormitar, y a recibir las imágenes de su ensueño.
El chirrido de los grillos y luciérnagas acrecienta el entorno de misterio.
En dos ocasiones,  pude ver como un pequeño bicho llegaba volando hasta las manos del chamán antes de comenzar la ceremonia, al cual, luego de decirle  algunas  palabras, lo despedía... Y el bicho se perdía volando en la oscuridad. Al parecer,  el pequeño bicho le traía un mensaje o indicaciones para aquella noche al chamán…
El momento de la toma había llegado: Uno es el pocillo de los hombres, otro el de las mujeres, y otro el de los niños…
Los niños toman antes que  los adultos. Cada quien recibe la primera poción,  y luego vuelve a su lugar como cuando se recibe la hostia en los rituales de la misa…
 La diferencia estriba en el sabor del líquido amargo y espeso, que  en la garganta produce en algunos,  el llamado a vómito, en los habituados, no causa ningún  efecto.
Se dice,  que la primera toma  es para limpiar y preparar el cuerpo; y que la segunda, es  la que lo transporta,  cura,  o lo desdobla. Se dice,  que todo depende del Taita que  suministra la toma; y del nivel en que va el interesado.
Luego, se escucha  música grabada, y cánticos acompañados con el sonar de  collares, esto se hace con el fin de ayudar a encauzar las ideas o pensamiento del invitado.
Cuando no hay distracciones o compañías estresantes que gritan, lloran o se revuelcan,  hay quietud, y el pensamiento comienza a divagar por los confines del espacio, mirando la infinitud de trenzas de colores que viajan y cambian a manera de sincronizaciones computarizadas de la música; además de otras, imágenes,  o mensajes propios a la vida de cada persona.
Luego de la segunda toma, las personas son tomadas nuevamente por el arrobamiento y cada quien comienza a internarse en sus propias imágenes.
Algunos cuentan que se desdoblan,  y que reciben el conocimiento directamente del maestro en el “interno”. Otros que reciben curación o sanación a sus enfermedades; o que reciben mensajes relacionados con el curso de sus vidas; otros contemplarán en su estado de ensueño,  casi de modo consciente imágenes relacionadas con los  colores a las cuales relacionan con  sucesos  futuros…
ADVERTENCIA:
ESTE RELATO NO ES UNA INVITACIÓN PARA TOMAR YAGUÉ, NI PROPAGANDA PARA LO MISMO.

BLOG: EDWARD BELLOUM. 012. REV.018.
Foto: Tomada de la Red.